Un acuerdo todavía lleno de incógnitas
Estados Unidos e Irán han alcanzado un memorando de entendimiento que busca contener la crisis regional y abrir una negociación más amplia, aunque todavía se conocen pocos detalles concretos del documento.
El acuerdo marco está previsto que se firme el viernes 19 de junio en Suiza y establecería un periodo de aproximadamente 60 días para abordar los asuntos más complejos.
Javier Gil Guerrero, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Navarra y autor de La sombra del Ayatolá, considera que el pacto resuelve parcialmente las urgencias inmediatas, pero deja abiertas las cuestiones que determinarán el verdadero resultado de la guerra.
Hormuz y el bloqueo naval, las prioridades
El entendimiento se centra inicialmente en dos problemas que estaban dañando con mayor intensidad a la economía internacional: el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz y el cierre naval impuesto por Estados Unidos frente a las costas de Irán.
La posible retirada de ambos bloqueos permitiría recuperar gradualmente el tráfico de petróleo, gas y mercancías por una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
El memorando también buscaría extender el alto el fuego a otros escenarios de la región, incluido el Líbano, una condición que introduce nuevas dificultades para Israel.
Sesenta días para negociar el programa nuclear
La parte más delicada del acuerdo quedaría aplazada para una negociación posterior.
Durante los próximos 60 días, Washington y Teherán tendrían que definir qué ocurrirá con el uranio ya enriquecido, si Irán podrá continuar enriqueciéndolo y cuáles serán los límites de cantidad y pureza.
También deberán establecer la duración de cualquier restricción, que podría extenderse durante diez, quince o veinte años, dependiendo de los términos finales.
Las sanciones siguen sin una solución definitiva
Otro asunto pendiente es el futuro de las sanciones económicas estadounidenses.
Trump habría aceptado suspender durante 60 días determinadas restricciones relacionadas con las exportaciones iraníes de petróleo y gas mientras avanzan las conversaciones nucleares.
Sin embargo, todavía no está claro si las sanciones se eliminarán de forma permanente, bajo qué condiciones se levantarán o cuándo podrían liberarse los fondos iraníes congelados en el extranjero.
Washington habla de cierre, Teherán mantiene cautela
La Casa Blanca presenta el memorando como un acuerdo prácticamente definitivo, mientras las autoridades iraníes utilizan un lenguaje más prudente.
Gil Guerrero advierte que la reapertura de Hormuz sería un avance importante, pero no resolvería los desacuerdos históricos entre ambos países.
Tras atender la emergencia económica, las negociaciones volverían a los mismos puntos de partida: enriquecimiento de uranio, sanciones, fondos bloqueados y garantías de cumplimiento.
Trump necesitaba aliviar la presión económica
El cierre del estrecho se había convertido en el problema más urgente para Washington debido a su efecto sobre los precios energéticos y la inflación.
La subida del petróleo estaba afectando a los mercados internacionales y aumentando la presión política sobre Trump antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Para Irán, el bloqueo representaba una herramienta de negociación capaz de generar un coste económico global mucho mayor que el daño militar que podía infligir directamente a Estados Unidos o Israel.
Israel queda fuera de la negociación
Israel no participó directamente en las conversaciones y ahora se enfrenta a una posición especialmente incómoda.
Tel Aviv difícilmente puede rechazar abiertamente una iniciativa promovida por Trump, pero tampoco acepta con facilidad un acuerdo cuyos términos no ha negociado.
Su principal preocupación es que la cuestión del Líbano haya quedado vinculada con el programa nuclear iraní y la reapertura del estrecho de Ormuz.
El Líbano representa una línea roja
Israel había insistido en mantener sus operaciones en el Líbano separadas de cualquier negociación nuclear con Teherán.
Vincular ambos asuntos podría limitar su libertad militar frente a Hizbolá y reducir su capacidad de atacar posiciones iraníes o infraestructuras del grupo.
Israel aspiraba a reproducir en el Líbano una situación similar a la que existía en Siria antes de la caída de Bashar al Assad, cuando podía bombardear objetivos vinculados con Irán sin provocar una respuesta directa de gran escala.
Teherán busca limitar la libertad israelí
Irán pretende evitar que Israel adquiera capacidad permanente para actuar en territorio libanés sin consecuencias.
Teherán considera que una conexión formal entre el frente libanés y las negociaciones regionales puede servir para proteger a Hizbolá y reducir los ataques israelíes.
Israel, por su parte, tampoco está dispuesto a permitir que el grupo reconstruya una fuerza capaz de amenazar su frontera norte con una operación comparable a la realizada por Hamás el 7 de octubre de 2023.
El resultado de la guerra todavía no puede medirse
La valoración estratégica del conflicto dependerá del acuerdo nuclear que pueda alcanzarse al final del periodo de 60 días.
Solo entonces podrá determinarse si la guerra iniciada el 28 de febrero cumplió los objetivos de Estados Unidos e Israel o si la República Islámica puede presentarse como superviviente y vencedora política.
El balance dependerá de la continuidad de las sanciones, la posible entrega del uranio enriquecido y las restricciones que se impongan al programa nuclear iraní.
Europa y Asia asumieron gran parte del coste
Además de Irán, que sufrió los ataques directos, las economías más perjudicadas fueron las monarquías del golfo Pérsico y los países europeos y asiáticos dependientes de las rutas energéticas de Hormuz.
Europa y Asia demostraron una vulnerabilidad mucho mayor que Estados Unidos frente al cierre del estrecho y al encarecimiento del petróleo y el gas.
Las consecuencias se reflejaron en la inflación, los costes industriales, el transporte y la estabilidad de los mercados.
Irán convirtió la economía global en un arma
Según Gil Guerrero, Teherán entendió que no podía imponerse militarmente a Estados Unidos e Israel.
Su estrategia consistió entonces en aumentar el coste económico internacional de la guerra hasta que Washington tuviera incentivos suficientes para detener la ofensiva.
El bloqueo de Hormuz permitió a Irán ejercer presión sobre los mercados energéticos y sobre los aliados de Estados Unidos sin necesidad de derrotar a sus adversarios en el campo de batalla.
La presión inflacionaria obligó a Washington a negociar
Estados Unidos decidió frenar su ofensiva después de aproximadamente 40 días, no por unas pérdidas militares insostenibles, sino por el impacto económico del conflicto.
La inflación, el deterioro de los mercados y el daño provocado a la economía mundial terminaron limitando el margen político de Trump.
El memorando puede aliviar esas tensiones inmediatas, pero el verdadero acuerdo dependerá de si las partes logran resolver el programa nuclear, las sanciones y el futuro de la presencia israelí en el Líbano.

