Un mes marcado por guerra, energía y resultados
Abril fue un mes de fuerte movimiento para los mercados estadounidenses. La guerra que Estados Unidos libra contra Irán junto a Israel elevó la incertidumbre económica y mantuvo la presión sobre los precios de la energía, un factor que alimentó la volatilidad en las cotizaciones de las grandes compañías.
Con las negociaciones de paz entre Washington y Teherán estancadas y ambos países evaluando alternativas militares, la atención de los inversores se desplazó hacia los resultados empresariales. En ese contexto, los gigantes tecnológicos marcaron direcciones opuestas en Bolsa, pese al avance general del mercado.
El S&P 500 firma su mejor mes desde 2020
El S&P 500, índice que agrupa a las 500 mayores empresas de Estados Unidos, cerró abril con una subida superior al 10%. Se trata de su mejor desempeño mensual desde 2020 y coloca al selectivo en máximos históricos, alrededor de los 7.198 puntos.
La fortaleza del índice muestra que el mercado ha logrado absorber, al menos por ahora, el impacto de los precios energéticos y la tensión geopolítica. Sin embargo, la reacción desigual a los resultados corporativos revela que los inversores están siendo cada vez más selectivos con las grandes tecnológicas.
Meta cae pese a batir en ingresos y beneficio
Meta fue una de las compañías más castigadas tras la publicación de sus cuentas. Las acciones de la empresa fundada por Mark Zuckerberg llegaron a caer más de un 10% después de que el mercado analizara sus resultados del primer trimestre.
La compañía superó expectativas en ingresos y beneficio neto, pero el foco de los inversores estuvo en el aumento previsto de sus gastos de capital. Meta estima ahora que su inversión se situará entre 125.000 y 145.000 millones de dólares, por encima de sus previsiones anteriores, debido a mayores precios de componentes y al incremento de gastos para sostener sus centros de datos.
Alphabet convence con nube e inteligencia artificial
Alphabet, matriz de Google, fue una de las grandes beneficiadas por sus resultados. Sus acciones llegaron a subir más de un 10% en Bolsa después de presentar unas cuentas que mostraron una mejora considerable frente a periodos anteriores.
La compañía ganó 62.578 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un 81% más interanual. La facturación ascendió un 21%, hasta 109.896 millones de dólares, impulsada por el negocio publicitario y por el fuerte avance de Google Cloud. La división en la nube creció un 63%, hasta 20.028 millones, apoyada en la demanda de soluciones de inteligencia artificial para empresas.
Microsoft no termina de entusiasmar
Microsoft también presentó cifras de crecimiento, pero no logró convencer plenamente a los inversores. La compañía obtuvo un beneficio neto de 97.983 millones de dólares en los nueve primeros meses de su ejercicio 2026, un 31% más interanual.
La facturación acumulada alcanzó 241.832 millones de dólares, un 18% más que en el mismo periodo del año anterior. En el último trimestre, Intelligent Cloud, que incluye Azure y servicios vinculados a inteligencia artificial y análisis de datos, registró ingresos de 34.681 millones, un crecimiento interanual del 30%. Aun así, el mercado pareció exigir más claridad sobre la rentabilidad futura de sus inversiones en IA.
Amazon muestra crecimiento, pero deja dudas
Amazon cerró la tanda de resultados de las grandes tecnológicas con una recepción tibia en Bolsa. La compañía registró beneficios netos de 30.255 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un 77% más interanual, mientras que sus ingresos totales crecieron un 17%, hasta 181.519 millones.
Amazon Web Services avanzó un 28%, hasta 37.600 millones de dólares, confirmando el peso de la nube en su modelo de crecimiento. Andy Jassy destacó además que el negocio de chips propios de Amazon, que incluye Graviton, Trainium y Nitro, tiene una facturación anual proyectada de 20.000 millones de dólares y crece a tasas interanuales de triple dígito. Para los inversores, abril dejó una señal clara: el mercado sigue premiando la IA, pero exige disciplina de inversión, visibilidad de ingresos y capacidad real de monetización.

