Un estreno histórico en Wall Street
SpaceX convirtió su llegada al Nasdaq en una de las operaciones bursátiles más importantes de la historia. La compañía fundada por Elon Musk comenzó a cotizar a 150 dólares por acción, un 11% por encima del precio de 135 dólares fijado para la oferta pública.
El fuerte interés comprador llevó posteriormente los títulos hasta los 160,95 dólares, con una subida del 19,22%, situando la valoración de la empresa alrededor de los 2,1 billones de dólares. Durante la primera hora de negociación, las acciones llegaron a superar los 167 dólares.
De la exploración espacial a la élite tecnológica
Fundada en 2002 con el objetivo de desarrollar tecnologías capaces de llevar seres humanos a Marte, SpaceX se ha convertido en uno de los mayores grupos tecnológicos del mundo.
Su actividad abarca el lanzamiento de cohetes, las comunicaciones por satélite mediante Starlink y, cada vez con mayor peso, el desarrollo de inteligencia artificial a través de xAI.
Tras su estreno, la compañía pasó a situarse entre las empresas cotizadas más valiosas del planeta, solo por detrás de gigantes como Nvidia, Alphabet, Apple, Microsoft y Amazon.
Una demanda muy superior a la oferta
La operación ya llegaba al mercado con una demanda extraordinaria. Según Bloomberg, las órdenes de inversores institucionales y particulares superaron los 350.000 millones de dólares, más de cuatro veces el volumen de acciones ofrecido.
Fondos y bancos de inversión recibieron algo más del 70% de los títulos colocados. La limitada cantidad de capital disponible, inferior al 5% de las acciones de la empresa, contribuyó a intensificar la competencia entre compradores.
Los minoristas querían una parte de SpaceX
Los inversores particulares desempeñaron un papel especialmente relevante. SpaceX reservó para el tramo minorista estadounidense nuevas acciones por valor de 15.000 millones de dólares, equivalentes al 20% de la operación.
Las peticiones alcanzaron los 100.000 millones, más de seis veces la cantidad disponible y muy por encima de las previsiones iniciales recogidas en el folleto presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.
Una salida a Bolsa celebrada en Times Square
El debut generó una enorme expectación en la sede del Nasdaq, en Times Square. Allí se reunieron trabajadores de SpaceX, seguidores de Musk e inversores que querían presenciar el inicio de la cotización.
Musk participó por videoconferencia en el tradicional toque de campana desde Starbase, Texas. En Nueva York estuvieron presentes su madre y la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell.
El empresario recordó que, en sus inicios, consideraba que el proyecto tenía menos de un 10% de posibilidades de éxito. También reiteró su objetivo de convertir a la humanidad en una civilización multiplanetaria y transformar en realidad algunas de las ideas propias de la ciencia ficción.
Una operación de 75.000 millones
La compañía logró captar alrededor de 75.000 millones de dólares, cumpliendo el objetivo anunciado antes de su estreno.
SpaceX pretende utilizar una parte significativa de esos recursos para financiar su expansión en inteligencia artificial, construir infraestructura tecnológica y mantener su posición dentro de una carrera que exige inversiones cada vez mayores.
El complejo proceso para iniciar la cotización
Las acciones comenzaron a negociarse a las 11.45, hora de Nueva York, después de que los intermediarios lograran equilibrar la avalancha inicial de órdenes de compra y venta.
John Paci, antiguo jugador de fútbol americano y actual agente de Morgan Stanley, estuvo encargado de coordinar el primer cruce como representante del banco designado para estabilizar la operación.
Los bancos colocadores habían asumido previamente compromisos de venta, pero la distribución definitiva no se produjo hasta los momentos anteriores al comienzo de la negociación.
Los bancos ingresan 500 millones
Las entidades participantes en la emisión se repartirán aproximadamente 500 millones de dólares en comisiones.
Morgan Stanley y Goldman Sachs, que desempeñaron un papel central en la colocación, recibirán alrededor de 100 millones. Banco Santander, responsable de parte de la operación europea, ingresará cerca de dos millones de dólares.
Una valoración difícil de justificar con beneficios
El entusiasmo del mercado contrasta con los resultados financieros de la empresa. SpaceX obtuvo ingresos de 18.674 millones de dólares durante el último ejercicio, por lo que su valoración bursátil equivale a casi 100 veces su facturación anual.
La compañía todavía no genera beneficios consolidados y registró pérdidas cercanas a los 4.937 millones de dólares, relacionadas principalmente con el elevado consumo de capital de su división de inteligencia artificial.
La valoración refleja, por tanto, las expectativas sobre su crecimiento futuro, su posición dominante en la industria espacial y la confianza que los inversores mantienen en Elon Musk.
Miles de empleados se convierten en millonarios
La subida bursátil también transformó el patrimonio de numerosos trabajadores. Alrededor de 4.000 empleados que habían recibido acciones como parte de su remuneración pasaron a disponer de participaciones valoradas en más de un millón de dólares.
El estreno refuerza además la fortuna personal de Musk, cuya participación en SpaceX superaría por sí sola el billón de dólares al precio alcanzado por las acciones.
Esta concentración de riqueza ha reactivado las críticas sobre la desigualdad y el enorme poder económico acumulado por una sola persona.
Musk conserva el control de la compañía
Pese a la salida a Bolsa, Elon Musk mantendrá una posición dominante. El empresario conserva aproximadamente el 84,4% de los derechos de voto gracias a una estructura accionarial que le otorga mayor poder político dentro del grupo.
El reducido porcentaje de acciones vendido al mercado permite a SpaceX captar una cantidad histórica de capital sin que su fundador pierda el control estratégico.
Cohetes y Starlink financian el crecimiento
La actividad espacial sigue siendo uno de los pilares económicos de la compañía. SpaceX obtiene ingresos mediante lanzamientos comerciales, contratos con la NASA y otros organismos federales, y el despliegue de satélites.
Starlink también se ha convertido en una fuente relevante de recursos gracias a su red de satélites en órbita baja, que ofrece acceso a internet y comunicaciones en zonas remotas.
La capacidad de reutilizar cohetes y componentes ha permitido a la empresa reducir el coste de los lanzamientos y consolidar una ventaja tecnológica frente a sus competidores.
La inteligencia artificial exige más capital
La principal presión financiera procede de xAI. SpaceX prevé destinar más de 20.000 millones de dólares al desarrollo de inteligencia artificial, una actividad que requiere centros de datos, servidores, chips avanzados y nuevas fuentes de energía.
Musk imagina una infraestructura tecnológica que no se limite a la Tierra. Entre sus proyectos se encuentra la construcción futura de centros de datos en el espacio para aprovechar de forma directa la energía solar.
Una misión que mira a la Luna y Marte
En su folleto bursátil, SpaceX define como misión la construcción de los sistemas necesarios para convertir la vida en multiplanetaria, comprender mejor el universo y extender la conciencia humana más allá de la Tierra.
La empresa aspira a desarrollar asentamientos en la Luna y una colonia de hasta un millón de personas en Marte. También contempla una red de inteligencia artificial capaz de conectar distintos mundos.
Son objetivos que todavía parecen propios de la ciencia ficción, pero el mercado ha demostrado estar dispuesto a financiarlos sobre la base de los logros técnicos ya alcanzados por la compañía.
El comienzo de una nueva ola de salidas a Bolsa
El éxito de SpaceX podría animar a otras compañías vinculadas con la inteligencia artificial a buscar capital en los mercados públicos.
Su estreno combina el atractivo de la exploración espacial, la popularidad de Musk y las expectativas de una transformación económica impulsada por la IA.
La empresa que hizo historia reutilizando cohetes ha marcado ahora un nuevo récord financiero. Los inversores apuestan a que sus próximos proyectos, por ambiciosos que parezcan, pueden volver a convertir la ciencia ficción en una industria real.

