Ormuz: la nueva carta energética de presión de Irán hoy

La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel ha transformado al estrecho de Ormuz en uno de los puntos más estratégicos del planeta. Más allá de los enfrentamientos militares, Teherán ha demostrado que posee la capacidad de interrumpir una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial. Esta nueva realidad no solo afecta a los mercados petroleros, sino que también podría redefinir el equilibrio económico y geopolítico global durante los próximos años.

El estrecho de Ormuz: una herramienta de poder sin precedentes

Antes del conflicto, cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL) transitaba por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, los recientes ataques y las tensiones militares han puesto en evidencia la vulnerabilidad de esta ruta estratégica.

Para los analistas, Irán ha conseguido algo que podría perdurar mucho más allá del conflicto actual: demostrar que puede restringir o incluso cerrar el paso marítimo utilizando una combinación de misiles y drones.

“Lo que Irán ha demostrado es que tiene la capacidad de cerrar el estrecho y mantenerlo cerrado, incluso frente a intensos bombardeos de Estados Unidos e Israel”, afirmó Gregory Brew, analista senior de Eurasia Group. Según el experto, esta capacidad representa un cambio permanente en la ecuación geopolítica regional.

Brew resumió la magnitud de este nuevo escenario con una frase contundente: “Es su nueva opción nuclear”.

La posibilidad de un «peaje energético» en Ormuz

Mientras continúan las negociaciones diplomáticas, algunos analistas consideran que un estrecho parcialmente controlado por Irán podría convertirse en una alternativa más viable que un cierre total.

En esa dirección, Teherán creó recientemente la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA), encargada de supervisar un nuevo sistema de tránsito marítimo que incluye inspecciones y potenciales cobros a las embarcaciones que crucen la zona.

Estados Unidos respondió imponiendo sanciones a la nueva autoridad y advirtiendo sobre posibles sanciones secundarias para las empresas que paguen tarifas a Irán. A pesar de ello, reportes indican que algunas compañías petroleras y navieras ya habrían alcanzado acuerdos para garantizar el paso de sus cargamentos.

Para Alan Gelder, vicepresidente senior de refinación, productos químicos y mercados petroleros de Wood Mackenzie, lo prioritario es recuperar el flujo comercial.

“Lo importante es que el tránsito por el estrecho se reanude en volúmenes significativos. Eso comenzaría a reducir el impacto de la crisis energética”, señaló.

Petróleo más caro y mayor incertidumbre global

Los expertos coinciden en que incluso si el estrecho permanece abierto, el riesgo geopolítico seguirá reflejándose en los precios de la energía.

Gelder estima que una tarifa de tránsito de aproximadamente US$2 millones por buque añadiría cerca de US$1 por barril al costo del petróleo. Sin embargo, otros especialistas creen que el impacto podría ser mucho mayor.

“Estamos hablando de una prima de riesgo geopolítico de entre US$10 y US$20 por barril”, explicó Jorge León, director de análisis geopolítico de Rystad.

El analista agregó que la influencia iraní sobre el estrecho difícilmente desaparecerá.

“Estamos convencidos de que Irán mantendrá algún tipo de influencia sobre el estrecho de Ormuz en el futuro”, afirmó. “El riesgo de nuevas interrupciones en el estrecho es real”.

León también anticipó cambios duraderos en los mercados energéticos internacionales.

“No volveremos a ver precios del petróleo de US$60 por barril”, nivel en el que se encontraban a comienzos de año, “ni siquiera en 2027”.

Por su parte, Peter Martin, director de economía de Wood Mackenzie, advirtió que si el estrecho permanece cerrado hasta finales de año, el precio del crudo Brent podría acercarse a los US$200 por barril, convirtiendo la actual crisis energética en una auténtica crisis económica mundial.

Las limitadas alternativas al corredor petrolero

Ante el aumento de los riesgos, varios países productores ya buscan reducir su dependencia del estrecho de Ormuz.

Arabia Saudita ha incrementado el uso de su oleoducto Este-Oeste, mientras que Emiratos Árabes Unidos continúa expandiendo rutas alternativas como el sistema Habshan-Fujairah. Sin embargo, estas opciones no son fáciles ni rápidas de replicar.

“Grandes proyectos de infraestructura, a menudo transfronterizos, lo que significa que son costosos, complejos y no pueden desarrollarse rápidamente”, explicó Gelder.

La situación resulta especialmente compleja para países como Qatar, Kuwait y Bahréin, cuyas exportaciones energéticas dependen en gran medida del paso por Ormuz.

Además, incluso nuevas infraestructuras energéticas podrían seguir siendo vulnerables a eventuales ataques.

Los oleoductos alternativos “estarían al alcance de los misiles y drones iraníes”, advirtió Brew.

La seguridad energética vuelve a dominar la agenda mundial

La crisis en Ormuz ha reavivado preocupaciones que ya habían surgido tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Gobiernos y empresas energéticas aceleran ahora estrategias para diversificar proveedores, fortalecer cadenas de suministro e impulsar fuentes renovables de energía.

Sin embargo, los expertos coinciden en que Medio Oriente seguirá desempeñando un papel central en el abastecimiento energético mundial durante muchos años.

En ese contexto, la capacidad de Irán para influir sobre el estrecho de Ormuz se convierte en un factor estratégico de enorme relevancia para la economía global.

“La economía mundial tendrá que reconocer esa realidad”, concluyó Brew. “Es de una importancia colosal. Sugiere que, en última instancia, la seguridad del estrecho de Ormuz y del golfo Pérsico dependerá en gran medida de las acciones y decisiones que tome Irán”.

La guerra ha transformado al estrecho de Ormuz en mucho más que una ruta marítima: ahora es una poderosa herramienta geopolítica que amplifica la influencia de Irán sobre los mercados energéticos globales. Aunque eventualmente se alcance un acuerdo diplomático, los analistas consideran que el riesgo asociado a esta vía estratégica persistirá durante años, impulsando precios más altos de la energía, nuevas inversiones en infraestructura y una renovada preocupación por la seguridad energética mundial.