La relación comercial entre Estados Unidos y Brasil atraviesa un nuevo momento de tensión después de que Washington anunciara su intención de imponer aranceles del 25 % a una amplia gama de productos brasileños. La medida, que podría entrar en vigor el próximo 15 de julio si ambas partes no alcanzan un acuerdo, ha provocado una rápida reacción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien respondió destacando nuevas oportunidades comerciales con China y cuestionando los argumentos de la administración estadounidense.
Washington endurece su postura comercial
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) informó que Brasil mantiene prácticas consideradas “irrazonables o discriminatorias” que afectan los intereses comerciales estadounidenses. Entre los principales señalamientos se encuentran cuestiones relacionadas con los servicios de pago electrónico, los acuerdos arancelarios preferenciales, la protección de la propiedad intelectual, la lucha contra la deforestación ilegal y las condiciones de acceso al mercado brasileño para el etanol estadounidense.
Según el organismo, estas políticas “son irrazonables y suponen una carga o restricción para el comercio estadounidense, por lo que son susceptibles de acción”.
La propuesta contempla la aplicación de aranceles del 25 % a diversos productos brasileños, aunque excluye sectores estratégicos como la carne vacuna, el café, las tierras raras, otros metales y las piezas de aeronaves.
El diálogo continúa pese a las diferencias
A pesar de la amenaza arancelaria, la administración estadounidense aseguró que las conversaciones con Brasil siguen abiertas.
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, afirmó que él y el presidente Donald Trump han mantenido “varias reuniones constructivas” con Lula da Silva y miembros de su gabinete. Sin embargo, reconoció que “seguimos teniendo diferencias sustanciales a la hora de resolver ciertas cuestiones”.
Greer añadió: “Espero con interés continuar el diálogo con el Gobierno brasileño antes de la fecha límite legal del 15 de julio”.
El informe de la USTR también sostiene que los acuerdos preferenciales que Brasil mantiene con países como México e India generan desventajas para las empresas estadounidenses y critica la supuesta falta de eficacia en el combate contra la entrada de productos falsificados al mercado brasileño.
Lula responde con una señal hacia Pekín
La respuesta del presidente brasileño no tardó en llegar y estuvo marcada por un claro acercamiento hacia China, principal socio comercial de Brasil y principal rival estratégico de Estados Unidos.
Durante un acto público en el estado de Goiás, Lula destacó que el mismo día en que Washington anunciaba los posibles aranceles, China reconoció oficialmente que Brasil está libre de fiebre aftosa en todo su territorio, abriendo nuevas oportunidades para las exportaciones de carne brasileña.
“¿Qué pasó hoy para contrarrestar la medida de Trump? China reconoció que Brasil está libre de fiebre aftosa a nivel nacional, por lo que nuestra carne puede entrar libremente en el mercado chino. Tengo mucha suerte, no voy a quedarme llorando. Si no quieres comprarme, puedo venderle a otro”, expresó el mandatario.
El comentario fue interpretado como una señal de que Brasil podría diversificar aún más sus relaciones comerciales si el conflicto con Washington escala en las próximas semanas.
Brasil cuestiona los argumentos de Estados Unidos
Lula también rechazó la lógica detrás de la medida estadounidense y recordó que Brasil mantiene un déficit comercial con Estados Unidos.
“Quien debería aumentar los aranceles somos nosotros, no ellos”, sostuvo el presidente brasileño.
Además, destacó que los equipos negociadores de ambos países se han reunido en tres ocasiones desde su último encuentro con Trump, realizado hace apenas un mes y que, según Lula, fue “exitoso”.
Las declaraciones reflejan la frustración del Gobierno brasileño ante la falta de avances en las negociaciones y muestran una postura más firme frente a las presiones comerciales estadounidenses.
La disputa entra en la política interna brasileña
El conflicto también ha comenzado a influir en el escenario político de Brasil.
Lula acusó de “traidor” al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y una de las principales figuras de la oposición, insinuando que su reciente visita a la Casa Blanca podría estar relacionada con la decisión estadounidense.
Por su parte, Flávio Bolsonaro respondió a través de redes sociales asegurando que había pedido “expresamente” a Trump que no aplicara nuevos aranceles contra Brasil.
El senador afirmó además que Trump “no confía en Lula” y calificó la medida como una “represalia” política contra el actual mandatario brasileño. No obstante, reconoció que los aranceles “no son la solución” para resolver las diferencias entre ambos países.
El sector empresarial apuesta por una salida negociada
Mientras los líderes políticos intercambian críticas, el sector privado brasileño mantiene una postura más cautelosa.
La Cámara Americana de Comercio (Amcham) y la Federación de las Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp) coincidieron en que la amenaza de los aranceles sigue siendo una propuesta preliminar y consideran que aún existe margen suficiente para alcanzar un acuerdo antes de la fecha límite.
Ambas organizaciones defendieron la continuidad del diálogo como la mejor herramienta para evitar una escalada comercial que podría afectar miles de millones de dólares en intercambios bilaterales y generar incertidumbre para empresas de ambos países.
La amenaza de nuevos aranceles estadounidenses abre un nuevo capítulo en la compleja relación entre Washington y Brasilia. Mientras Estados Unidos presiona para modificar políticas que considera perjudiciales para sus intereses comerciales, Lula da Silva responde fortaleciendo los vínculos con China y elevando el tono político del debate. Con la fecha límite del 15 de julio cada vez más cerca, las próximas semanas serán decisivas para determinar si ambas potencias logran una solución negociada o si la disputa deriva en una nueva confrontación comercial con consecuencias regionales e internacionales.

