La incertidumbre en torno al conflicto en Medio Oriente podría tener consecuencias económicas mucho más profundas y duraderas de lo previsto. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió que, incluso después de una eventual resolución de las tensiones geopolíticas, los efectos sobre el crecimiento, la inflación y la estabilidad económica mundial podrían extenderse durante varios años, especialmente si la crisis se prolonga.
Un mundo dividido entre dos escenarios económicos
La OCDE elaboró sus previsiones de mitad de año considerando dos posibles escenarios para la economía global. El primero contempla una perturbación limitada derivada del conflicto, mientras que el segundo plantea una prolongación de las tensiones con impactos más severos sobre la actividad económica mundial.
En el escenario más favorable, el crecimiento global se desaceleraría desde el 3.4% registrado en 2025 hasta el 2.8% durante este año. Posteriormente, la economía mundial mostraría una recuperación moderada para alcanzar una expansión de 3.1% en 2027.
Sin embargo, el panorama cambia drásticamente bajo un escenario de conflicto prolongado. En ese caso, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial crecería apenas 2.1% este año y se desaceleraría aún más hasta 1.8% en 2027, un ritmo que colocaría a varias economías al borde de la recesión o directamente dentro de ella.
La amenaza inflacionaria sigue presente
Más allá del desempeño económico, ambos escenarios comparten un elemento preocupante: la persistencia de presiones inflacionarias.
Los especialistas de la OCDE señalaron que el encarecimiento de la energía y otros insumos esenciales podría mantener elevados los precios en distintas regiones del mundo. Esta situación representaría un desafío especialmente complejo para las economías en desarrollo, que suelen contar con menores reservas energéticas y destinan una mayor proporción del gasto de los hogares a alimentos y energía.
Como resultado, millones de familias podrían enfrentar una pérdida de poder adquisitivo, mientras que los gobiernos tendrían menos margen para aplicar medidas de apoyo económico.
Los países emergentes, los más vulnerables
La organización destacó que las consecuencias de una crisis prolongada serían globales, pero afectarían con mayor intensidad a los países en desarrollo.
La combinación de mayores costos energéticos, alimentos más caros y un crecimiento económico más débil podría generar un impacto significativo sobre el bienestar de los hogares y las finanzas públicas. Además, estas economías suelen ser más sensibles a las fluctuaciones en los mercados internacionales de materias primas y a los cambios en las condiciones financieras globales.
Bancos centrales ante decisiones cada vez más difíciles
La OCDE reconoció que las autoridades económicas enfrentan un escenario complejo independientemente de cuál de los dos panoramas termine materializándose.
Según el análisis, los bancos centrales podrían optar por ignorar los aumentos de precios provocados por problemas de oferta siempre que las expectativas inflacionarias permanezcan bajo control y no se produzcan efectos secundarios sobre salarios y otros precios.
No obstante, la organización advirtió que podría ser necesaria una respuesta monetaria más agresiva si las presiones inflacionarias se amplían o si el crecimiento económico muestra señales de deterioro más profundas de lo previsto.
El optimismo de inicio de año se desvaneció
Antes de la escalada de tensiones en Medio Oriente, los mercados financieros iniciaron el año con una perspectiva positiva.
La OCDE explicó que el optimismo estaba impulsado por varios factores, entre ellos el auge de las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial, condiciones financieras relativamente favorables y una reducción de las tensiones comerciales internacionales.
De hecho, los analistas consideran que existían altas probabilidades de que las previsiones de crecimiento mundial hubieran sido revisadas al alza de no haberse intensificado los riesgos geopolíticos.
El estrecho de Ormuz sigue siendo una pieza clave
Uno de los focos de preocupación continúa siendo el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.
Por este corredor estratégico transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el planeta. Sin embargo, la OCDE advirtió que incluso si el paso marítimo logra reabrirse completamente y se restablece el flujo normal de petróleo, la demanda mundial seguiría debilitándose como consecuencia de la incertidumbre económica generada por el conflicto.
Esta combinación de menor actividad económica y mayores costos energéticos representa uno de los principales riesgos para la recuperación global durante los próximos años.
Las proyecciones de la OCDE reflejan cómo un conflicto geopolítico puede transformarse rápidamente en una amenaza para la economía mundial. Aunque el desenlace en Medio Oriente sigue siendo incierto, la organización advierte que una prolongación de las tensiones podría frenar significativamente el crecimiento global, alimentar la inflación y acercar a varias economías a la recesión. En un contexto cada vez más desafiante, gobiernos y bancos centrales deberán equilibrar cuidadosamente sus decisiones para evitar que los efectos de la crisis se profundicen y se extiendan durante la próxima década.

