Un sector ante un punto de inflexión
El sector vitivinícola español afronta una etapa decisiva marcada por el cambio climático, la presión normativa europea y la transformación de los hábitos de consumo. Bodegas y viticultores se ven obligados a revisar su modelo productivo en un entorno donde la sostenibilidad ha dejado de ser un valor añadido para convertirse en una condición de viabilidad.
Ese diagnóstico fue compartido en la mesa de debate “Sostenibilidad y futuro del sector vitivinícola”, organizada por EL PERIÓDICO, El Periódico de España, Prensa Ibérica y Activos, con patrocinio de Perelada y Zamora Company. Representantes del sector público y privado coincidieron en que el vino necesita una estrategia de largo plazo para adaptarse a una realidad más exigente.
El clima presiona al viñedo
Trinidad Márquez, de la Federación Española del Vino, abrió el debate señalando que el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino un condicionante inmediato. Las alteraciones en la maduración de la uva, las sequías prolongadas, el aumento de temperaturas y los fenómenos extremos están afectando la producción y la estabilidad de las cosechas.
Delfi Sanahuja, de Perelada, resumió el reto con una idea clara: el agua se ha convertido en el nuevo oro líquido. La disponibilidad hídrica ya determina no solo la cantidad de uva, sino también su calidad y la rentabilidad del viñedo. Sin regularidad productiva, la planificación empresarial se vuelve más compleja y el margen de las explotaciones queda bajo presión.
La normativa europea redefine el negocio
Junto al reto climático, el sector enfrenta una creciente presión regulatoria. Alejandro Lorca, del Ministerio de Agricultura, explicó que la Política Agraria Común ya incorpora buena parte de las exigencias ambientales del Pacto Verde Europeo, con herramientas como los ecorregímenes y ayudas vinculadas a prácticas sostenibles.
El representante del Ministerio reconoció que algunos requisitos no reflejaban plenamente la realidad del campo, por lo que se han introducido ajustes hacia una mayor simplificación y flexibilidad. Esa adaptación resulta clave en España, donde la diversidad climática y territorial obliga a diseñar políticas capaces de responder a situaciones productivas muy distintas.
Sostenibilidad como ventaja competitiva
Aunque la transición sostenible implica costes, inversiones y cambios operativos, los participantes defendieron que también puede convertirse en una ventaja competitiva. Josep María Ribas, de Familia Torres, sostuvo que el vino puede posicionarse como referente si mide, certifica y comunica mejor sus avances.
Muchas bodegas ya trabajan en reducción de emisiones, eficiencia energética, salud del suelo y protección del entorno. Sin embargo, la burocracia sigue siendo uno de los principales obstáculos, especialmente para las empresas más pequeñas. Rosana Lisa, de Ramón Bilbao, consideró que esa exigencia también puede actuar como filtro para quienes realmente apuestan por transformar su modelo.
Innovación para adaptarse al nuevo clima
La adaptación climática ya se traduce en decisiones concretas dentro del viñedo. Las bodegas están incorporando riego más preciso, reutilización de aguas depuradas, sensores de humedad, estaciones meteorológicas y sistemas de monitorización para ajustar las intervenciones en tiempo real.
También gana peso la viticultura de precisión, los viñedos en altura, las variedades resistentes al estrés hídrico y técnicas destinadas a mejorar la retención de agua en el suelo. Algunas bodegas están recuperando variedades ancestrales, históricamente adaptadas al territorio, como una vía para reforzar la resiliencia ante un clima más extremo.
El reto económico y social del vino
La sostenibilidad del sector no se limita al medio ambiente. El relevo generacional, la falta de mano de obra cualificada y el envejecimiento de los profesionales del campo amenazan la continuidad de muchas explotaciones. El viñedo también desempeña un papel decisivo en la cohesión territorial y en la lucha contra la despoblación rural.
Al mismo tiempo, la economía circular se ha convertido en una palanca de eficiencia. La reducción del peso de las botellas, el uso de energías renovables, la biomasa, la energía fotovoltaica y la reutilización de residuos del viñedo ayudan a reducir costes y emisiones. El sector reconoce, además, que debe comunicar mejor estos avances. El enoturismo aparece como una herramienta clave para acercar al consumidor a la realidad de las bodegas y reforzar el valor económico, social y cultural del vino español.

