La competencia geopolítica entre Estados Unidos y China ya no se limita al comercio, los semiconductores o la inteligencia artificial. Ahora también alcanza a la astronomía y a los grandes proyectos científicos en América Latina. El caso del Radiotelescopio China-Argentina (CART), instalado en la provincia de San Juan y actualmente paralizado, se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de cómo la rivalidad entre Washington y Pekín está redefiniendo incluso la cooperación científica internacional. Lo que comenzó como una ambiciosa iniciativa astronómica destinada a expandir la observación del universo desde el hemisferio sur terminó atrapado entre presiones diplomáticas, sospechas estratégicas y disputas sobre seguridad nacional.
Un gigante astronómico detenido en San Juan
En la Estación Astronómica Carlos U. Cesco, ubicada en El Leoncito, una enorme estructura metálica permanece inmóvil frente a la cordillera. El Radiotelescopio China-Argentina fue concebido para convertirse en el mayor radiotelescopio de su tipo en América del Sur, gracias a una inversión cercana a los 32 millones de dólares impulsada por la Universidad Nacional de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China.
Las condiciones naturales de la región fueron claves para elegir el lugar: cielos despejados, mínima contaminación electromagnética y una posición privilegiada en el hemisferio sur que permitiría observar regiones invisibles desde China.
Sin embargo, el proyecto quedó prácticamente congelado cuando todavía estaba cerca de completarse. Parte de los componentes del telescopio permanece retenida en la aduana de Buenos Aires desde septiembre de 2024, incluidos receptores fundamentales para terminar la instalación.
Marcelo Segura, coordinador del proyecto en la Universidad Nacional de San Juan y el CONICET, explicó al South China Morning Post: “No hemos recibido ninguna comunicación oficial. Existe una alineación del gobierno nacional con los Estados Unidos, que supuestamente se opone a la proliferación de este tipo de proyectos que involucran instalaciones chinas en nuestro país”.
La ciencia atrapada en la tensión geopolítica
A medida que la rivalidad entre Washington y Pekín se intensifica, los proyectos científicos chinos en América Latina comenzaron a enfrentar revisiones, retrasos y crecientes cuestionamientos políticos.
Ana María Pacheco, astrónoma vinculada al proyecto, resumió la situación con una metáfora contundente en declaraciones a The New York Times: “Estamos atrapados en un agujero negro político”.
Las cifras sobre el avance del radiotelescopio reflejan la magnitud de la paralización. Segura aseguró que el proyecto estaba entre un 50 % y un 60 % completado, mientras otros responsables afirman que el progreso era aún mayor.
“Estamos al 90 % de su finalización. Muy cerca. Por eso lo que está pasando es tan difícil, porque no queremos que se convierta en chatarra”, declaró María Verónica Benavente, alta funcionaria de la Universidad Nacional de San Juan, a la revista Science.
El valor científico del CART para el hemisferio sur
Desde la perspectiva científica, el CART representaba una oportunidad estratégica para reducir la desigualdad histórica en infraestructura astronómica entre el hemisferio norte y el sur.
El radiotelescopio habría permitido estudiar la formación de estrellas, rastrear púlsares, cartografiar galaxias lejanas y colaborar con más de un centenar de radiotelescopios distribuidos en todo el planeta. También estaba previsto que trabajara en conjunto con FAST, el gigantesco radiotelescopio chino ubicado en Guizhou.
Ricardo Podestá, director del Observatorio Astronómico Félix Aguilar, destacó a Science la importancia del lugar: “San Juan tiene uno de los cielos más despejados del mundo. Se puede ver el núcleo galáctico en lo alto del cielo”.
Washington aumenta la presión sobre proyectos chinos
Las preocupaciones estadounidenses sobre el avance tecnológico y espacial de China en América Latina comenzaron durante la administración de Joe Biden y continuaron posteriormente.
En 2021, Jake Sullivan y Juan González transmitieron al gobierno argentino inquietudes relacionadas no solo con el CART, sino también con otros proyectos vinculados a China, como la base espacial de Neuquén y un puerto proyectado en Ushuaia.
La presión continuó en los años siguientes. En 2025, el secretario de Estado Marco Rubio discutió la “colaboración espacial” con autoridades argentinas, mientras expertos estadounidenses viajaban a Buenos Aires para advertir sobre posibles riesgos de “doble uso” en instalaciones espaciales civiles.
Ese mismo año, el gobierno de Javier Milei estableció que cualquier instalación de radares, observatorios o sistemas aeroespaciales debía recibir aprobación del Ministerio de Defensa, medida que varios científicos interpretaron como dirigida específicamente al CART.
Los científicos rechazan sospechas militares
Diversos investigadores argentinos sostienen que no existen evidencias técnicas que respalden las sospechas sobre un posible uso militar del radiotelescopio.
Erick González, astrónomo de la Universidad Nacional de San Juan, explicó a DW que el diseño del telescopio limita seriamente cualquier capacidad estratégica.
“Su uso militar podría ser muy limitado”, afirmó González. “Además, el uso militar que puede tener un radiotelescopio depende principalmente de si cuenta con un transmisor para funcionar como radar. Este radiotelescopio no tiene transmisor”.
El investigador agregó que las montañas que rodean la instalación reducen aún más cualquier posibilidad de vigilancia terrestre.
Por su parte, Jorge Castro, decano de Ciencias de la Universidad Nacional de San Juan, cuestionó las nuevas exigencias oficiales: “No sé qué más quiere este gobierno”.
Chile también enfrenta el dilema astronómico chino
Argentina no es el único país donde la rivalidad entre las potencias afecta proyectos científicos.
En el desierto chileno de Atacama, otro ambicioso observatorio impulsado por China quedó bajo revisión. El proyecto contemplaba la instalación de cerca de cien telescopios en colaboración con la Universidad Católica del Norte y el Observatorio Astronómico Nacional de China.
Bernadette Meehan, exembajadora estadounidense en Chile, reconoció abiertamente la presión diplomática ejercida sobre Santiago: “Para el gobierno de EE. UU. era muy importante que no se autorizara el proyecto”.
Las preocupaciones se relacionaban parcialmente con el llamado Proyecto Sitian, una iniciativa científica china destinada a escanear continuamente los cielos de ambos hemisferios.
La respuesta china fue inmediata. La embajada de China en Santiago acusó a Washington de protagonizar una “pura y dura manifestación de hegemonismo y una nueva Doctrina Monroe”.
América Latina busca equilibrio entre dos gigantes
La situación refleja el complejo escenario que enfrentan varios países latinoamericanos: mantener relaciones económicas crecientes con China mientras sostienen vínculos estratégicos y de seguridad con Estados Unidos.
Aunque Javier Milei llegó al poder con una postura crítica hacia Pekín, las exportaciones chinas hacia Argentina crecieron significativamente durante el último año, mientras empresas como BYD avanzan rápidamente en el mercado local.
José Octavio Bordón, exembajador argentino en Estados Unidos, advirtió sobre los riesgos de alineamientos excesivos: “Si el presidente se siente cómodo con Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos, está en todo su derecho. Pero debe aprovechar esa relación para desarrollar la mejor política exterior posible, en línea con los intereses de Argentina. No para subordinarse a los juegos de una gran potencia”.
Andrés Bórquez, investigador especializado en China y América Latina, explicó al South China Morning Post que durante años países como Chile intentaron mantener una “ambigüedad estratégica”, equilibrando sus lazos con ambas potencias. Sin embargo, advirtió: “Pero a medida que ambas potencias se vuelven más asertivas, navegar ese punto medio se hace cada vez más difícil”.
Un telescopio detenido entre dos potencias
Por ahora, el CART continúa paralizado en San Juan mientras parte de sus componentes permanece retenida en la aduana argentina. El proyecto se ha convertido en un símbolo de cómo la competencia global entre Estados Unidos y China está transformando incluso áreas tradicionalmente asociadas con la cooperación internacional y el avance científico.
Lo que debía ser un instrumento para explorar galaxias lejanas terminó atrapado en disputas diplomáticas terrestres. En medio de esa tensión, América Latina enfrenta el desafío de proteger sus intereses científicos, tecnológicos y económicos sin quedar atrapada entre las presiones de las dos mayores potencias del planeta.

