Explosión de Blue Origin pone en duda el calendario lunar

La explosión del cohete New Glenn de Blue Origin durante una prueba en tierra ha generado preocupación sobre el futuro de varios proyectos espaciales clave de la NASA. El incidente ocurrió apenas dos días después de que la agencia espacial estadounidense otorgara a la compañía un contrato multimillonario para transportar vehículos exploradores a la Luna, lo que ha puesto bajo escrutinio los plazos del programa Artemis y otros planes de exploración lunar.

Un ensayo que terminó en desastre

El gigantesco cohete New Glenn se destruyó durante una prueba de encendido estático en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, Florida. La prueba formaba parte de los preparativos para una futura misión no tripulada y, aunque no se reportaron heridos, la explosión causó importantes daños en la infraestructura de lanzamiento.

La onda expansiva fue tan potente que se sintió a varios kilómetros de distancia. El estallido destruyó una torre pararrayos y el transportador-erector utilizado para trasladar y posicionar el cohete antes de los lanzamientos. Residentes cercanos afirmaron que la detonación hizo vibrar ventanas y otras estructuras de sus viviendas.

Infraestructura clave logra sobrevivir

A pesar de la magnitud del accidente, Blue Origin informó que varios componentes fundamentales de la plataforma permanecieron intactos. El director ejecutivo de la compañía, Dave Limp, destacó que los tanques de metano, hidrógeno y oxígeno, además del sistema de agua, no sufrieron daños significativos.

La empresa explicó que estos elementos requieren largos periodos de fabricación, por lo que su conservación permitirá acelerar las labores de reconstrucción. Asimismo, la estructura principal de soporte podrá ser reparada en el lugar.

Entre los equipos que tampoco resultaron afectados se encuentran el propulsor «Never Tell Me The Odds» y tres etapas superiores GS-2 almacenadas en las instalaciones.

«Es una pequeña buena noticia», escribió Limp en la red social X. «Volveremos a volar antes de que termine este año», aseguró.

Mientras continúan las investigaciones, Blue Origin advirtió que fragmentos generados por la explosión podrían llegar a zonas costeras cercanas durante los próximos días o semanas, por lo que pidió a la población no manipular posibles restos.

Artemis enfrenta nuevas incertidumbres

El accidente llega en un momento especialmente delicado para la NASA. Apenas dos días antes, la agencia había adjudicado a Blue Origin un contrato valorado en cientos de millones de dólares para lanzar dos vehículos exploradores destinados a futuras misiones lunares del programa Artemis.

El New Glenn también desempeña un papel fundamental en el despliegue del módulo de alunizaje Blue Moon, considerado una pieza clave en la estrategia estadounidense para establecer una presencia sostenible en la Luna.

Por esta razón, cualquier retraso en el desarrollo o certificación del cohete podría afectar los cronogramas de futuras misiones lunares. La NASA tiene previsto regresar astronautas a la superficie lunar a partir de 2028, lo que supondría la primera misión tripulada al satélite natural desde la histórica Apolo 17 en 1972.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, aseguró que la agencia trabajará para restaurar la operatividad de la plataforma cuanto antes, sin comprometer el desarrollo de los sistemas lunares actualmente en marcha.

El papel estratégico del New Glenn

Nombrado en honor a John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra, el New Glenn es el mayor cohete desarrollado por Blue Origin. La nave mide 98 metros de altura y siete metros de diámetro, con capacidad para transportar más de 13 toneladas hacia órbitas de transferencia geoestacionaria y hasta 45 toneladas a órbita terrestre baja.

Aunque solo ha completado tres lanzamientos, el vehículo había mostrado avances significativos en reutilización. Durante 2025 logró aterrizar de manera controlada su primera etapa sobre una plataforma marítima y posteriormente reutilizó por primera vez uno de sus propulsores.

Estos logros habían fortalecido las expectativas de que el cohete se convirtiera en un competidor importante dentro del mercado espacial dominado actualmente por SpaceX.

Amazon también sufre el impacto

La prueba accidentada estaba vinculada a una próxima misión destinada a colocar en órbita 48 satélites del Proyecto Kuiper, la constelación de Amazon diseñada para ofrecer internet de alta velocidad y competir directamente con Starlink.

La misión habría representado el mayor despliegue de satélites realizado hasta la fecha por Blue Origin y un paso importante para la construcción de una red que contempla más de 3.200 satélites.

Sin embargo, debido a que la explosión ocurrió durante una prueba en tierra, los satélites no estaban a bordo del vehículo y no resultaron afectados.

Un revés que podría redefinir los próximos años

La destrucción del New Glenn representa uno de los mayores contratiempos en la historia reciente de Blue Origin. Aunque la compañía confía en volver a operar antes de finalizar el año, el incidente abre interrogantes sobre la velocidad con la que podrá recuperar sus capacidades de lanzamiento y cumplir con los compromisos adquiridos tanto con la NASA como con Amazon.

Mientras las investigaciones avanzan, la industria espacial observa atentamente las consecuencias de un accidente que podría influir directamente en el futuro de la exploración lunar estadounidense y en la creciente competencia comercial por el acceso al espacio.