España lleva casi tres décadas sin lograr acercarse al nivel de productividad por hora trabajada de las economías más avanzadas de la Unión Europea. Aunque el país ha registrado un fuerte crecimiento del PIB en los últimos años, los expertos señalan que la mejora estructural en eficiencia, innovación y generación de valor añadido continúa estancada desde mediados de los años noventa.
Los datos analizados por Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, muestran la magnitud del problema. Si la productividad por hora trabajada de Estados Unidos se toma como referencia con un índice de 100, España se sitúa actualmente alrededor del 75%, mientras que las principales economías europeas alcanzan una media cercana al 97%. Esta diferencia superior a 20 puntos porcentuales apenas ha cambiado desde 1990.
El tamaño empresarial, una de las principales causas
Los economistas apuntan a que una parte importante de la brecha de productividad española está relacionada con la estructura empresarial del país. Mientras que las compañías medianas y grandes presentan niveles de eficiencia similares a sus equivalentes del norte de Europa, las pequeñas empresas muestran mayores dificultades para competir y aumentar su productividad.
Según los análisis presentados, hasta tres cuartas partes de la diferencia de productividad entre España y Alemania podrían explicarse por el peso que tienen las empresas pequeñas dentro del tejido económico. En España, aproximadamente un 35% de los trabajadores desarrolla su actividad en compañías con más de 50 empleados, frente al 66% registrado en Alemania.
Para los expertos, aumentar el tamaño medio de las empresas españolas es una de las claves para mejorar la competitividad. Para ello, consideran necesario reducir obstáculos regulatorios que dificultan el crecimiento de las pymes y facilitar una asignación más eficiente de recursos productivos.
Una economía concentrada en sectores de menor valor añadido
Otro factor que limita la productividad española es la distribución del empleo entre sectores económicos. Una parte significativa de las horas trabajadas se concentra en actividades como comercio, transporte y hostelería, sectores con un valor añadido medio inferior al de industrias más avanzadas.
En contraste, la industria manufacturera ha mostrado una evolución más positiva, con incrementos anuales de productividad del 2,2% entre 2000 y 2024. Sin embargo, únicamente concentra una parte reducida del empleo total.
Los expertos señalan que el problema no es principalmente la falta de eficiencia dentro de las empresas españolas, sino la composición del tejido productivo. La elevada presencia de negocios pequeños y con menor conexión con mercados internacionales limita la capacidad del país para avanzar en productividad.
España mantiene un déficit de inversión tecnológica
La falta de inversión es otro de los grandes obstáculos para mejorar la productividad. Mientras que las empresas europeas y estadounidenses han incrementado de forma significativa el gasto destinado a maquinaria, tecnología y herramientas digitales por trabajador durante las últimas décadas, España ha registrado un crecimiento mucho más reducido en este ámbito.
El sector público tampoco ha logrado compensar esta diferencia. España destina alrededor del 2,9% de su PIB a inversión pública, por debajo de la media europea del 3,8%. Los expertos advierten que el aumento del gasto en pensiones y administración ha reducido el margen disponible para inversiones estratégicas en infraestructuras, innovación y tecnología.
El reto de cambiar el modelo económico
Los economistas consideran que España debe aprovechar los periodos de crecimiento para impulsar reformas que permitan aumentar la productividad y reducir su vulnerabilidad ante futuras crisis. Entre las prioridades destacan favorecer el crecimiento empresarial, mejorar la inversión tecnológica y reforzar sectores con mayor capacidad de generar valor añadido.
Aunque la economía española ha mostrado una evolución positiva en términos de crecimiento reciente, los expertos advierten que mantener esta trayectoria dependerá de la capacidad del país para resolver sus problemas estructurales. Sin un aumento sostenido de la productividad, España seguirá dependiendo más del crecimiento basado en empleo y consumo que de una mejora real de su competitividad.

