La NASA dio un paso decisivo hacia una presencia humana permanente en la Luna. Tras el reciente sobrevuelo de Artemis II, la agencia espacial estadounidense presentó la primera fase de su futura base lunar y firmó contratos millonarios con empresas privadas para llevar módulos, róveres y drones al polo sur lunar antes del regreso de astronautas a la superficie.
El regreso lunar deja de ser una promesa
La conquista permanente de la Luna ya no es solo una idea científica ni un plan lejano. La NASA comenzó a contratar el equipo que servirá como base para instalar infraestructura en el satélite, con el objetivo de preparar el terreno antes de que los astronautas vuelvan a pisarlo.
La agencia anunció el martes 26 de mayo de 2026 una primera etapa enfocada en transportar tecnología clave hacia el polo sur lunar. Este proyecto forma parte del programa Artemis, con el que Estados Unidos busca establecer una presencia sostenida en la Luna y usar esa experiencia como preparación para futuras misiones a Marte.
Contratos privados para abrir camino
En esta primera fase, Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, suministrará dos módulos de aterrizaje destinados a transportar vehículos todoterreno cerca del polo sur lunar. Estos vehículos, conocidos como lunar terrain vehicles, serán desarrollados por Astrolab y Lunar Outpost.
Firefly Aerospace también tendrá un papel importante. La compañía, que logró un alunizaje exitoso el año pasado, será responsable de entregar los primeros drones diseñados para operar sobre la superficie lunar. Estos equipos ayudarán a delimitar, explorar y preparar el terreno donde se levantará la futura base.
La NASA espera que todo este equipamiento llegue antes del regreso de astronautas estadounidenses a la Luna, previsto no antes de 2028.
Artemis marca el calendario del proyecto
El anuncio llega poco después de la misión Artemis II, realizada en abril, cuando cuatro astronautas sobrevolaron la Luna y llegaron más lejos en el espacio que cualquier tripulación del programa Apolo durante las décadas de 1960 y 1970.
Para Artemis III, prevista para mediados de 2027, la NASA planea practicar el acoplamiento de la cápsula Orion en órbita terrestre con los módulos de aterrizaje tripulados que desarrollan Blue Origin y SpaceX, la empresa de Elon Musk.
El posible alunizaje de dos astronautas podría ocurrir a partir de 2028, marcando el inicio de una nueva etapa en la exploración lunar.
Tres fases para construir una presencia permanente
La base lunar será desarrollada por etapas. La primera estará enfocada en enviar equipos iniciales, róveres, drones y módulos de aterrizaje. La segunda fase, prevista desde 2029 hasta principios de la década de 2030, buscará construir infraestructura permanente, incluida una red eléctrica.
Esa etapa también contempla espacios semipermanentes con capacidad de habitabilidad y róveres presurizados. Estos vehículos permitirían a los astronautas trabajar hasta 30 días sin necesidad de llevar traje espacial mientras realizan investigaciones científicas.
La tercera fase llegaría en algún momento de la década de 2030. Para entonces, la NASA espera contar con hábitats permanentes especializados, sistemas avanzados de soporte vital y energía, además de rotaciones periódicas de tripulaciones.
Una base pensada para quedarse
Carlos García-Galán, director ejecutivo del programa de base lunar de la NASA, explicó que el objetivo es llegar a un punto en el que la presencia humana en la Luna sea permanente.
«Entonces podremos decir: ‘Estamos aquí para quedarnos y no vamos a ceder'», afirmó García-Galán.
Su visión contempla una base lunar extendida a lo largo de cientos de kilómetros cuadrados, con un perímetro marcado por drones llamados MoonFall. Estos dispositivos estarían ubicados en las esquinas del área para delimitar el territorio operativo de la NASA.
Respeto internacional en la superficie lunar
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, señaló que estos marcadores buscan evitar conflictos con naves, equipos o instalaciones de otros países que puedan operar cerca de la zona. Según explicó, la intención es actuar con respeto y esperar reciprocidad de otras naciones.
Isaacman subrayó que el proyecto no solo busca explorar la Luna, sino también impulsar una economía lunar, desarrollar investigación científica y preparar el camino hacia una futura expedición a Marte.
Por qué el polo sur lunar es clave
La NASA eligió el polo sur de la Luna porque ofrece mejores condiciones para una presencia humana prolongada. Esta región recibe luz solar de manera más constante, tiene menos períodos de oscuridad extrema y puede facilitar una generación de energía más estable.
Aun así, el entorno sigue siendo peligroso. Bajo la luz solar, la superficie lunar puede superar los 121 grados Celsius. En zonas oscuras, las temperaturas pueden caer por debajo de los 128 grados bajo cero. Además, la Luna no tiene atmósfera que proteja contra la radiación, las partículas solares o los impactos de meteoritos.
«Para quienes han esperado con paciencia, el gran regreso está a punto de llegar y no vamos a frenar», dijo Isaacman. «Apenas estamos empezando».
Un laboratorio para el futuro de Marte
La futura base lunar será mucho más que un símbolo de exploración espacial. Para la NASA, será un campo de pruebas para nuevas tecnologías, sistemas de energía, movilidad, supervivencia humana y operaciones de larga duración fuera de la Tierra.
Si el plan avanza como está previsto, la Luna podría convertirse en el primer paso real hacia una economía espacial y en una plataforma clave para preparar misiones humanas a Marte. La NASA quiere dejar claro que esta vez no busca solo visitar el satélite, sino aprender a vivir y trabajar allí durante largos períodos.

