La relación entre tecnología y espiritualidad acaba de entrar en una nueva etapa en Corea del Sur. En el templo Jogyesa de Seúl, un robot humanoide vestido con túnicas budistas participó en una ceremonia de iniciación junto a monjes y practicantes humanos, convirtiéndose en el primer robot en completar un ritual formal dentro del budismo surcoreano. La iniciativa, impulsada por la Orden Jogye, busca acercar las nuevas generaciones a una tradición milenaria mediante una combinación inédita entre inteligencia artificial, filosofía budista y cultura digital.
Un ritual histórico en el corazón de Seúl
En medio de cánticos, incienso y faroles tradicionales, la ceremonia en el templo Jogyesa parecía seguir el protocolo habitual del budismo zen coreano. Sin embargo, entre los novicios destacaba una figura inesperada: un robot humanoide llamado Gabi.
El androide, de 130 centímetros de altura, avanzó hasta el altar junto al resto de los participantes. Con las palmas juntas en señal de oración, se inclinó ante la asamblea de monjes y fieles, reproduciendo cuidadosamente los gestos ceremoniales del budismo.
Vestido con las mismas túnicas que los demás novicios, el robot respondió en voz alta cuando un monje le preguntó si se comprometía a seguir las enseñanzas de Buda:
“Sí, me dedicaré a ello”.
La escena marcó un momento inédito para la tradición budista surcoreana y rápidamente captó la atención internacional.
Gabi y el significado detrás de su nombre
El nombre del robot no fue elegido al azar. Según explicó el Venerable Seong Won a Yonhap, querían un nombre “fácil de pronunciar” y que representara “la difusión de la misericordia de Buda por todo el mundo”.
El modelo utilizado fue el G1, desarrollado por la empresa china Unitree Robotics, con un precio inicial cercano a los 13.500 dólares.
Aunque técnicamente es una máquina avanzada, la Orden Jogye buscó integrarlo simbólicamente dentro del espíritu contemplativo del budismo zen, una rama del mahāyāna que enfatiza la meditación y la práctica espiritual cotidiana.
Los Cinco Preceptos adaptados para una inteligencia artificial
Uno de los momentos más llamativos de la ceremonia fue la adaptación de los tradicionales Cinco Preceptos budistas para un participante no humano.
Durante el ritual sugye, los organizadores redefinieron las normas éticas pensando específicamente en un robot. Entre las reglas se incluían:
- Respetar la vida.
- No causar daño a otros robots u objetos.
- Escuchar y respetar a los humanos.
- Actuar sin engaños.
El quinto precepto, tradicionalmente relacionado con evitar sustancias que alteran la mente, fue reinterpretado para Gabi como la obligación de ahorrar energía y evitar la sobrecarga.
El Venerable Sungwon explicó a The Guardian:
“Los humanos beben alcohol y se exceden. ¿Cuál es el equivalente en los robots?”
Luego añadió:
“La gente podría pensar que la regla de no sobrecargarse se refiere solo a las baterías, pero en realidad se trata del exceso”.
La reflexión abrió un debate filosófico sobre cómo conceptos espirituales humanos podrían reinterpretarse en un contexto tecnológico.
IA y budismo: cuando ChatGPT entra al templo
El propio Sungwon reveló que utilizó herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT y Gemini para probar distintas versiones de los preceptos destinados al robot.
Sin embargo, aseguró que las respuestas generadas no lograban captar completamente el sentido profundo de la ética budista.
“ChatGPT no entendió del todo qué son los preceptos”.
El monje agregó:
“No son solo consejos generales sobre hacer el bien juntos. Son prohibiciones”.
Sus declaraciones reflejan uno de los grandes debates actuales sobre la inteligencia artificial: la diferencia entre comprender información y comprender significado espiritual o moral.
Un ritual adaptado para un participante no humano
La ceremonia también requirió modificar varios elementos tradicionales.
En el ritual de purificación yeonbi, los aspirantes humanos reciben una marca simbólica mediante el contacto con incienso encendido. En el caso de Gabi, el gesto fue reemplazado por una pegatina conmemorativa del festival y un collar de meditación de 108 cuentas colocado alrededor de su cuello.
Además, el robot recibió un certificado oficial donde la fecha de nacimiento fue sustituida por su fecha de fabricación: 3 de marzo de 2026.
Estos detalles reforzaron el carácter simbólico del evento sin intentar equiparar al robot con un practicante humano real.
El budismo surcoreano intenta conectar con los jóvenes
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de la Orden Jogye para recuperar el interés de las nuevas generaciones.
Actualmente, solo el 16 % de los surcoreanos se identifica como budista, frente al 23 % registrado en 2005. Entre las personas de 20 a 29 años, la cifra cae hasta apenas el 8 %.
El año pasado, la orden ordenó únicamente 99 nuevos monjes, aproximadamente la mitad que hace una década.
Ante este declive, la organización ha comenzado a impulsar campañas digitales, aplicaciones de meditación, merchandising y eventos diseñados para captar atención en redes sociales.
El presidente de la orden, el Venerable Jinwoo, afirmó que el objetivo es:
“liderar sin miedo la era de la IA”
y orientar estos avances hacia:
“la paz mental y la iluminación”.
Más allá de la tecnología: una búsqueda espiritual
Para los responsables del templo, el verdadero objetivo no es demostrar que un robot pueda alcanzar la iluminación espiritual.
Según explicó Sungwon a The Guardian:
“El objetivo importante es que los jóvenes visiten los templos al menos una vez”.
La idea es que la curiosidad tecnológica funcione como una puerta de entrada hacia una experiencia espiritual más profunda.
El monje también reconoció que enseñar a Gabi a juntar correctamente las palmas fue “increíblemente difícil”, aunque se mostró optimista respecto al avance de la inteligencia artificial.
“No creo que la IA vaya a destruirnos”.
Robots y religión: una tendencia que ya comenzó
Aunque el caso de Gabi parece futurista, no es la primera vez que los robots participan en rituales religiosos.
Según Smithsonian Magazine, una revisión publicada en 2024 en la revista Theology and Science identificó casi una docena de robots involucrados en ceremonias litúrgicas de distintas tradiciones.
En 2017, el humanoide Pepper realizó funerales budistas en Japón. Ese mismo año, una empresa india presentó un brazo robótico capaz de ejecutar el aarti, un ritual hindú realizado frente a las deidades.
El investigador Martien Halvorson-Taylor resumió el debate en el podcast Sacred & Profane:
“¿Lo que importa es lo que creemos sobre lo divino, o son nuestras acciones y prácticas lo que cuenta?”
Y agregó:
“A veces, en la religión, la acción es más importante que la creencia. Cómo lo haces tiene prioridad sobre por qué lo haces”.
Gabi ya tiene su próxima misión
La historia de Gabi no termina con esta ceremonia.
El robot participará el próximo 24 de mayo en el desfile anual de las Linternas de Loto, festival que celebra el nacimiento de Buda y que fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Allí aparecerá junto a otros tres robots budistas llamados Seokja, Mohee y Nisa, consolidando así una de las mezclas más inesperadas entre tradición espiritual y tecnología avanzada.
La aparición de Gabi en un ritual budista representa mucho más que una curiosidad tecnológica. La ceremonia refleja cómo las religiones tradicionales están comenzando a adaptarse a un mundo dominado por la inteligencia artificial, las redes sociales y los cambios culturales de las nuevas generaciones. Mientras algunos ven estos experimentos como una innovación necesaria y otros los observan con escepticismo, el debate sobre el papel de los robots en la espiritualidad ya comenzó. Y en Corea del Sur, un pequeño monje humanoide acaba de convertirse en uno de sus símbolos más inesperados.

