Actividad empresarial en EU repunta y suben precios

La economía de Estados Unidos mostró señales de recuperación en abril, impulsada principalmente por el sector manufacturero. Sin embargo, este repunte llega acompañado de nuevas presiones inflacionarias derivadas de tensiones geopolíticas, especialmente la guerra con Irán, que ha alterado cadenas de suministro clave y elevado los costos de producción.

Un repunte económico que supera expectativas

La actividad empresarial estadounidense repuntó en abril tras un periodo cercano al estancamiento. El índice PMI compuesto preliminar de producción, elaborado por S&P Global, subió a 52.0 desde el 50.3 registrado en marzo, superando las expectativas de los economistas encuestados por Reuters, que estimaban un ligero avance a 50.6.

Una lectura por encima de 50 indica expansión en el sector privado, lo que confirma que la economía mantiene una trayectoria de crecimiento moderado.

Manufactura lidera el crecimiento

El principal motor del crecimiento fue el sector manufacturero. El PMI manufacturero subió a 54.0, su nivel más alto en 47 meses, superando tanto el 52.3 de marzo como la previsión de 52.5.

Este avance estuvo impulsado por un aumento en los nuevos pedidos, cuyo indicador alcanzó 54.8, y por la acumulación de inventarios ante la incertidumbre en el suministro.

S&P Global explicó que el crecimiento se debió a «la acumulación de inventarios ante la preocupación por la disponibilidad de suministros y las subidas de precios».

Servicios: crecimiento débil y señales de alerta

Aunque el sector servicios volvió a crecer, lo hizo de forma limitada. El PMI de servicios subió a 51.3 desde el 49.8 de marzo, que había marcado su primera contracción desde enero de 2023.

Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, señaló:
«El PMI de abril concuerda en líneas generales con una economía que lucha por mantener un crecimiento anualizado superior al 1%, con el amplio sector de servicios actuando como principal lastre».

La guerra con Irán presiona precios y suministros

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha tenido un impacto directo en la economía global. La interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha encarecido el petróleo y otras materias primas clave como fertilizantes, productos petroquímicos y aluminio.

El cierre de facto del estrecho por parte de Teherán, tras los ataques iniciados el 28 de febrero, y el bloqueo de puertos iraníes han generado importantes disrupciones logísticas.

Inflación al alza por costos de producción

Las tensiones en la cadena de suministro se reflejaron en un fuerte aumento de los precios. El índice de precios de producción de S&P Global subió a 59.9, su nivel más alto desde julio de 2022.

Además, los precios de los insumos alcanzaron un máximo de 11 meses con una lectura de 62.6, lo que provocó que las empresas incrementaran sus precios al ritmo más rápido desde julio de 2022.

S&P Global señaló que los retrasos en entregas fueron los más prolongados desde agosto de 2022, destacando que «además de las interrupciones relacionadas con el transporte marítimo debido a la guerra, la escasez también se debió a la compra adicional de inventarios de seguridad».

Mercado laboral bajo presión

El empleo mostró señales mixtas. El indicador del sector privado subió levemente a 50.2 desde 49.7, pero el sector manufacturero redujo su plantilla, mientras que el crecimiento en servicios fue mínimo.

S&P Global explicó que, además de la escasez de mano de obra, las empresas enfrentan presión para reducir costos, indicando que «las empresas también manifestaron su preocupación por la necesidad de reducir los costos de personal ante el entorno de incertidumbre de la demanda y los elevados precios de los insumos».

La economía estadounidense muestra resiliencia al recuperar impulso en abril, pero enfrenta un entorno complejo. El crecimiento está impulsado por la manufactura, mientras que el sector servicios se mantiene débil. Al mismo tiempo, la guerra con Irán está generando presiones inflacionarias que podrían retrasar decisiones clave de política monetaria, como la reducción de tasas de interés. En este contexto, el equilibrio entre crecimiento e inflación será determinante para el rumbo económico en los próximos meses.